Septiembre es el mes del reinicio. Volvemos a la rutina tras los excesos del verano: comidas improvisadas, viajes, terraceo, menos ejercicio y horarios desordenados. Y aunque solemos poner el foco en recuperar la forma física o retomar el gimnasio, a menudo olvidamos un aspecto esencial de nuestro bienestar.
La microbiota, ese conjunto de billones de bacterias que habita en nuestro intestino, que puede influir en la digestión y el bienestar general, también sufre los efectos del verano y de la vuelta a la rutina. Septiembre, aunque parezca contradictorio, puede ser uno de los meses más duros para ella. Y justo cuando intentamos volver a la rutina, aparece el segundo golpe: el estrés postvacacional.
El doble golpe de septiembre: excesos + estrés
Durante las vacaciones, solemos relajarnos en todos los sentidos. Comemos más fuera de casa, abusamos del alcohol, y dejamos de lado hábitos, rutinas, nuestra alimentación saludable. Dormimos a deshoras, cambiamos de entorno, viajamos, nos exponemos a nuevos microorganismos… Todo esto nos pasa factura y puede influir en el equilibrio de nuestra microbiota y, con ello, a nuestro bienestar general.
Y justo cuando intentamos volver a la normalidad, aparece el segundo golpe: el estrés de la vuelta. Las prisas, las obligaciones, el cambio de ritmo y la presión por “empezar con buen pie” elevan nuestros de estrés.
Este “doble perjuicio” convierte septiembre en un mes clave para el autocuidado, en especial, de la microbiota. Porque no es casualidad que muchas personas pueden notar digestiones más pesadas, fatiga persistente o incluso cambios en el estado de ánimo durante estas semanas.
La microbiota: tu órgano invisible
Aunque no la veamos ni la sintamos directamente, la microbiota intestinal es una comunidad microbiana significativa para nuestro bienestar digestivo. Está formada por cerca de 100 billones de microorganismos, bacterias, virus, levaduras, que viven principalmente en el colon. Cuando este ecosistema se desequilibra, lo notamos en todo el cuerpo: digestiones pesadas, fatiga persistente. Y su equilibrio y diversidad son esenciales para que nuestro cuerpo funcione correctamente.
Por eso, cuidar de nuestra microbiota no solo influye en la digestión, sino que también puede favorecer el bienestar general, tanto físico como emocional.
Empezar por lo esencial: tu microbiota
La buena noticia es que nuestra microbiota es resiliente. Con los cuidados adecuados, puede volver a equilibrarse y nutrir su diversidad. Y septiembre, con su espíritu de nuevos comienzos, es el momento perfecto para hacerlo:
- Empieza por la alimentación. La microbiota se alimenta de lo que comemos. Los probióticos —como los presentes en el kéfir, las leches fermentadas o el yogur—nutren la diversidad de tu microbiota.
- Apuesta por variedad. Los alimentos ricos en fibra, frutas, verduras y cereales integrales son clave.
- No descuides el estilo de vida. Estrés, falta de sueño y horarios irregulares impactan tanto como una mala dieta. Recuperar rutinas saludables de descanso, ejercicio y autocuidado es igual de importante.
Activia: tu aliado para nutrir la diversidad de tu microbiota
Para hacerlo, los probióticos serán uno de nuestros mayores aliados. Los probióticos son microorganismos vivos que contribuyen de múltiples formas a nuestra microbiota. Todo ello generará una consecuencia positiva a nuestro bienestar. Activia contiene probióticos naturales que nutren la diversidad de tu microbiota, ya que ha demostrado que sus probióticos llegan vivos a tu interior. Por ello, incorporar Activia a tu rutina diaria es una forma sencilla, deliciosa y eficaz. Y hacerlo en septiembre, cuando más lo necesita, es un gesto de autocuidado real.
Eso sí, no todos los probióticos son iguales. Su eficacia depende de la cepa, la especie y la cantidad. Por eso, es importante elegir productos con respaldo científico y consumirlos de forma regular, dentro de una dieta variada y equilibrada.
Pero no todo se reduce a la alimentación. El estilo de vida también influye. El estrés, el mal descanso, la falta de ejercicio o los horarios irregulares también nos afectan, tanto como una mala dieta. Por eso, es fundamental recuperar rutinas saludables: dormir bien, comer a horas regulares, moverse cada día y buscar momentos de calma.
Practicar yoga, meditar, caminar al aire libre o simplemente desconectar del móvil durante un rato puede ayudarte a desconectar y relajarte y, con ello, contribuir a tubienestar.
Volver a lo básico puede ser el mejor propósito de todos. Porque cuando tu microbiota está en equilibrio, tú también lo estás. Y no hay mejor forma de empezar a cuidarnos por dentro.




